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 Generación Derecho UC 2000

 

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Esta Semana:

Gonzalo Smith

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smith.jpg (2369 bytes) Gonzalo Smith Ferrer es actualmente profesor de la III Sección de DºComercial II en la PUC, y se desempeña como abogado en el estudio Carey y Cia. Estudio Derecho en la Universidad Católica y posteriormente en la Universidad de Harvard, EEUU.

 

Nombre: Gonzalo Smith Ferrer

Fecha de Nacimiento: 3/1/1971

Colegio en que Estudié: Craighouse, generación del ’88 (de pre-kinder a 4° medio)

Hobbies: Trotar, leer y escuchar música.

Profesores influyentes en mi vida:    Don Crescente Donoso, Don Orlando Álvarez, Don Antonio Giacona

Lo que más te agrada y lo que más detestas

a) Lo que más me agrada: los desafíos.     b) Lo que más detesto: la mentira.

La mejor virtud; el peor defecto

Mejor virtud: prudencia.         Peor defecto: deshonestidad

Sueños realizados y Sueños que no pudiste realizar

a) Sueños realizados:

i) Haberme casado con mi señora    ii) Ser padre de mi hija    iii) Haber estudiado en Harvard

b) Sueños que no pude conquistar (prefiero hablar de aquellos que no conquisto aún, aunque sea por consuelo)

i) Ser cantante.      ii) Aprender a tocar guitarra.

Propósitos en la vida:

“Este sitio está en construcción. Por favor vuelva a visitarnos nuevamente”

 

 

El Derecho Comercial chileno: ¿Esta muy lejos de ponerse al día?

Más que ponerse al día, creo que lo que hace falta es cambiar el prisma de análisis hacia una metodología movida por la intuición económica, en donde lo que prima son las tensiones generadas por los incentivos subyacentes a cada operación, entendiendo la economía como la psicología aplicada a la toma de decisiones sobre la administración de recursos limitados. Me parece que en el mundo actual la legislación “comercial” debiera girar en torno a la empresa y no al comerciante. Hay áreas que se han modernizado, pero me parece que ello se debe, lamentablemente, más al esfuerzo de los economistas que de los abogados. Si los abogados cambiamos la forma en que nos aproximamos a los fenómenos regulatorios y atendemos a los incentivos que mueven la contratación y la actividad económica, la actualización legislativa llegará tarde o temprano, pero llegará. Sin ese cambio, lo máximo que podemos aspirar es a replicar experiencias y legislación extranjeras, lo que a mi juicio incrementa las probabilidades de fracaso si no va aparejado de investigación y análisis jurídico hechos a la medida de nuestra realidad.

El sector público no se pone de acuerdo con el privado, que trabajamos mucho y producimos poco, y que la cesantía sigue en dos dígitos… ¿Qué es lo que detiene el progreso de Chile? ¿Qué se puede hacer?

Creo que los principales obstáculos son la falta de educación y la falta de fe en nuestras capacidades.

La falta de educación es una gran obstáculo al desarrollo porque el mundo está cambiando y el sistema educativo de nuestro país, especialmente el escolar público, parece ser incapaz de preparar a todos quienes se educan en él para el desarrollo, donde la capacidad de análisis y de creación y generación de valor en lo que se hace toman precedencia por sobre la reiteración automática de habilidades aprendidas. Siempre hay excepciones, pero creo que existen demasiadas personas que no están preparadas para los tipos de trabajos que serán necesarios en el futuro, lo que aumenta y profundiza la brecha entre los que tienen acceso a una buena educación y los que no. Una persona que no genera valor es fácilmente reemplazable por una máquina, sin que necesariamente pueda luego reinsertarse en otra ocupación. Una persona que analiza y enriquece la realidad con el fruto de su análisis puede reinventarse en múltiples actividades y reciclarse, y así hacerse inmune frente a los cambios e incluso crecer con ellos.

Un segundo obstáculo es la falta de fe en nuestras capacidades. Creo que Chile está pasando una depresión post-boom que tiene un fuerte componente anímico por sobre el real.

¿En tu vida profesional como abogado cual ha sido tu mejor impresión y tu peor desagrado con la realidad?

Mi mejor impresión es una sensación constante que se repite cada día de trabajo y que consiste en que esta es una profesión entretenidísima y llena de desafíos. No me he aburrido jamás y nunca he tenido la sensación de que trabajo para ganarme el pan. Eso es un regalo de Dios enorme y no tiene nada de evidente. El estímulo intelectual es constante.

Lo peor, que la primera vez que fui a un Tribunal del Crimen a tramitar una causa, hace ya muchos años, el actuario me pidiera plata para hacer algo que es su deber.

¿Cómo fue tu experiencia en Harvard?

Simplemente espectacular. Es una gran universidad. El nivel de exigencia es muy alto y el compromiso de los alumnos con su educación es total. Para uno resulta toda una novedad que los alumnos sean los que hacen la clase y el profesor es una especie de guía o moderador de debate que se encarga de reforzar puntos de análisis y llevar las conclusiones a puerto. Todo ello, obviamente, porque los alumnos traen la clase preparada de antemano mediante la lectura de los materiales que se les entregan. La verdad es que viví un reencantamiento con el derecho (el primero, obviamente, lo viví en la PUC).

Si tuviera que mencionar algo menos apetecible, me inclino por la excesiva competitividad entre los alumnos. La solidaridad estudiantil entre compañeros no es el fuerte del modelo educativo que vi en Harvard.

No puedo dejar de mencionar que volver a ser universitario durante el primer año de matrimonio es también un enorme regalo para la pareja. Además, mi señora y yo hicimos muchos y muy buenos amigos con quienes nos mantenemos en contacto hasta hoy.

De acuerdo a tu experiencia: ¿Qué es más importante: la excelencia académica o la vida universitaria?

No puedo imaginarme la una sin la otra. No logro ver la dicotomía.


¿Cuáles son las cosas valiosas que tiene para ofrecer nuestra facultad y cual hay que reforzar?

En relación a lo primero, una opción valórica y de fe en lo académico y profesional. La Facultad tiene una responsabilidad para con Chile en incentivar entre sus alumnos los valores de la religión Católica y las consecuencias que de ello se desprenden en lo académico y profesional para el derecho. Yo entré a la PUC siendo ateo y en quinto año hice mi primera comunión. Para mí, la PUC fue el alma mater de dos profesiones, una intelectual y otra de fe. No puedo mencionar este aspecto sin aprovechar la oportunidad para hacer público mi enorme gratitud hacia don Crescente Donoso, en quien encontré un testimonio de fe viva, y asimismo mi agradecimiento hacia don Antonio Giacona, a través de quien Cristo me invitó personalmente a ser miembro de la Iglesia.

En cuanto a lo segundo (lo que hay que reforzar), dos cosas.

La primera es la necesidad de reforzar y aumentar la calidad y cantidad de investigación, para lo cual es fundamental que los departamentos funcionen efectivamente y que exista un número importante de profesores a tiempo completo (no quiero desmerecer los enormes esfuerzos de quienes sí hacen investigación y que merecen todo mi respeto y admiración).

La segunda dice relación con el sistema de evaluaciones. Creo que es fundamental reformarlo. Acataré respetuoso las instrucciones de la Facultad y las decisiones de la autoridad al respecto, pero creo que las pruebas y exámenes escritos no anónimos y los exámenes orales lesionan una obligación de imparcialidad y justicia para con los alumnos. Me parece básico que un profesor no sepa a quién le está corrigiendo una prueba escrita o poniendo una determinada nota, y creo asimismo que es imposible asegurar que en un examen oral, el grado de profundidad e imparcialidad con que se reviewúa a los alumnos es para todos idéntico. Además, en los exámenes orales se hace imposible la recorrección, que debiera ser un derecho para todo alumno. Si lo que queremos es preparar en la oratoria, entonces debiéramos tener talleres sobre la materia y sobre otras cosas conexas como negociación, expresión oral y corporal, persuasión, etc., pero no podemos filtrar todos los conocimientos de los alumnos por el cedazo de una habilidad para la cual la Facultad no los prepara pedagógica sino traumáticamente.

En cuanto a que la facultad ha estado "dormida" durante este último tiempo: ¿A qué se lo atribuirías? ¿Ha cambiado mucho la facultad desde que saliste? ¿Qué necesitamos para "despertar"?

Creo que no sería responsable de mi parte pronunciarme sobre este punto. Apenas hace unos meses he vuelto activamente a la Facultad.

¿Cuáles son tus objetivos y metas a obtener con el curso?

Estimular a los alumnos a pensar, analizar y criticar el derecho y a sorprenderse con él. El aprendizaje de requisitos y clasificaciones me parece un bien menor y subordinado frente a la comprensión de los fenómenos que están detrás de la norma y la formación y adquisición de las herramientas necesarias para hacer un aporte creativo y orientado a la solución de problemas.

Para describirlo más gráficamente, espero que la dificultad que enfrenten los alumnos del curso no esté en contar con el tiempo suficiente para “estudiarse” toda la materia, sino en que se enfrenten a ella, se sientan intelectualmente desafiados (o a veces simplemente no la entiendan), sigan estudiando, pregunten, investiguen… y luego digan “eureka”, ahora sí entiendo.